7 abr 2010

El Cabanyal

El Cabanyal es el barrio marítimo de Valencia. Fue construido por sus propios vecinos, pescadores, marineros y demás trabajos relacionados con el mar (como mi abuelo), a semejanza de los edificios modernistas del ensanche de la ciudad.

Cuando era pequeña e iba a casa de mis abuelos, paseaba por allí y durante años he visto cómo el barrio iba a peor.

A excepción de los años colindantes a las celebraciones de la America's Cup, en los que se cambiaron las aceras de determinadas calles del barrio: las que se encuentran más cercanas a la Avenida del Puerto y que no se verán afectadas por el PEPRI; las cuales también durante años se han ido derribando y construyendo enseguida o realizando reformas respetando las fachadas (en edificios de más de 3 plantas, por lo que se venden o alquilan más pisos).

El conjunto urbanísto está, además, protegido como BIC (Bien de Interés Cultural) dentro de las definiciones de la Ley de Patrimonio Histórico, por la que se debe respetar la integridad del mismo.

La ampliación de Blasco Ibáñez hasta el mar obliga a demoler muchas de esas casas. El Ayuntamiento se las compra a sus vecinos por un precio que no correspondería al de una tasación normal. Con ese dinero los vecinos han de renunciar a su propia casa (con la que muchas veces tienen vinculaciones afectivas) y comprar otra. Obviamente esa cantidad de dinero no llega para una casa nueva, por lo que han de hipotecarse o irse a vivir con familiares.

El plan no es necesario desde el punto de vista urbanístico: Valencia se abre al mar desde muchos puntos.

Las casas que están siendo demolidas tienen:

a) o un alto valor patrimonial, con la intención de que cada vez haya menos edificios emblemáticos en el barrio

b) o una sola o como mucho dos plantas (muchas se encuentran entre dos edificios más recientes y con más plantas que no se tocan) para crear un bonito solar en el que se puede construir un nuevo edificio de más plantas por lo que se cobrará más porque habrá más contribuyentes.

Los solares además son una gran ayuda para extender la idea de la degradación del barrio. Acumulan basuras con todos los problemas que eso conlleva (ratas, etc.).

Otro punto a favor de esa idea de degradación es la venta de drogas. La cual fue eliminada del barrio del Carmen sin ningún problema cuando convino para el turismo y la venta de nuevas edificaciones donde había otras históricas.

La entidad que promueve el plan se llama "Cabanyal 2010" y está integrada por, además del Ayuntamiento y la Generalitat, diversas constructoras. Asímismo, esta entidad alquila esas propiedades compradas o expropiadas, a población "marginal", lo cual es también un "aliciente" para que los vecinos que se resisten a vender sus casa lo hagan y para acojonar a los que quedan.

Si es totalmente posible la rehabilitación del barrio sin derribar gran parte de ellas habrá, a mi entender, necesariamente intereses económicos. A mi entender se me escapa, sin embargo, la fe ciega de la mayoría de votantes valencianos (mal informados) hacia los que al fin y al cabo son políticos.

El Ministerio de Cultura en diciembre de 2009 obligó a parar por completo las actuaciones a favor del plan, amparándose en la ley patrimonial antes mencionada. No ha servido de mucho ya que se ha seguido adelante estos dos últimos días.

Un nuevo comunicado de la Delegación del Gobierno insta a detenar inmediatamente los derribos, aunque muy a mi pesar creo que no servirá de nada.

Me explico. Aunque se paralicen los derribos:

- el barrio ya está degradado

- sólo es necesario seguir haciéndolo para que la opinión popular mayoritaria "vea" cómo lo mejor es derribarlo todo

- si en las elecciones generales de 2012 gana el PP, se anulará por completo cualquier Orden del Ministerio de Cultura.

¿Podrá algún Poder Judicial hacerse cargo del asunto con todas las garantías democráticas?

De regalo: un video-musical que viene al pego.






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31 mar 2010

Los Valencianos


Y lo digo con mayúscula, por que los "representantes" políticos de los mismos así lo sienten. O así nos lo hacen creer contínuamente.

Lo llaman populismo. Al hecho de recurrir al voto que nunca es unánime pero así nos lo hacen creer. El voto que les da sufiente confianza en sí mismos como para apelar a él cada vez que hacen uso de su obligación como gobernantes.

O cuando critican al otro, que representa ni más ni menos que al enemigo. Aquel que no es valenciano y que no sabe lo que le conviene.

Me gustaría haber registrado cada vez que se invoca a la voluntad de los valencianos -en total-, como si haber ganado las elecciones les diera el respaldo de todos nosotros. Aunque no son los únicos que lo hacen: recuerdo que en una conferencia, el presidente de Bancaja respondió cuando le preguntó una asistente sobre el aval al Valencia C.F.: "¡fue el clamor de los valencianos!" (Me ahorro comentar en qué situación se encuentra dicho equipo, las ayudas que le han brindado instituciones públicas y para qué podría haberse usado esa cantidad de dinero).

Haber ganado las elecciones les brinda la obligación de gobernar; no de invocar la voluntad de todos cada vez que se hace o dice algo.

Os dejo un artículo del que fue mi profesor, Justo Serna, sobre este tema, seguramente mejor expresado que aquí arriba.

(Imagen de El Roto)

29 mar 2010

La Cultura

Vídeo muy interesante sobre las carencias de la gestión cultural.

Y la necesidad de nuevos modelos.


5 mar 2010

Dan ganas de emigrar


Artículos publicados en diferentes medios sobre el nuevo caso de censura acometido en la Comunidad Valenciana:

El País

El Mundo

Público

Levante-emv

Las Provincias

En todos ellos se habla directamente de CENSURA aunque en este último medio tan sólo se ponga en boca del presidente de Unió de Periodistes Valencians, ademas de responsabilizar al museo de dicha retirada de fotografías, como si, sólo tras el montaje de la exposición se hubieran dado cuenta de su contenido. Así habrá sido supongo, en el caso de los diputados que tuvieron que estar presentes ayer en la inauguración de la muestra.

Una pena.

De momento es lo único que ha pasado. Esperando acontecimientos...

(Fotografía del artículo publicado en el diario Público)